Antonio, hermano…
siempre, siempre, y siempre, tu estarás aquí
con tu sonrisa pura, con tu figura altiva
en el paisaje eterno de la vida y la fe
donde brillas sonoro con luces de alegría
palpando la ternura familiar de tu piel
en estas mismas horas de eternidad y besos
llegas a los jardines de nuestro amanecer
en esas mismas calles de la ciudad perdida…
y al pueblo que nunca dejaste de querer
encontramos poemas cantos sueños e historias
que llevan tu nombre, tus ojos y tu ser
y estas allí en la noble sonrisa del otoño
la esquina irreverente de aquel atardecer
y en la cristalería oceánica de todos
del ruiseñor del ángel y el canto de Gardel
cuando te busco y te pienso y te llamo
en un río de angustias y nostalgias
y un torbellino de furias y cariño
llegas de tu estrella huracanada de fragancias
de los espejos celestes y las otras dimensiones del alma
llegas a mi con lunas de la infancia
en las alas sensibles de tu presencia amada…
y hablamos como entonces sin palabras
y nos miramos hermano como hermanos
y vamos caminando juntos hacia el amanecer
esa alegría inmensa que explota en los jardines
las frutas del silencio, las aguas de ese río
fluyendo con gigantes que explican su deber
nosotros somos todos un racimo de sueños
que amamos que cantamos y volvemos a nacer
Antonio es una historia que se hizo poema
que creció entre nosotros con su mejor canción
junto con su alegría nos regalo sus ojos
pinto mil arco iris en nuestro corazón
en todo el universo sentimos su cariño
su presencia fraterna su alegría, su luz
aunque en cada momento lo extrañamos mucho
sentimos su alegría su amor, su juventud…
y siempre que lo busco, lo encuentro y esta vivo…
en el rostro de Tono, de Peyo y de… Jesús…!
Oscar Villalobos